04.10.2016

Educación Científica Regional e Integración de América Latina

El ministro de Ciencia, Lino Barañao, analizó el rol de la ciencia desde Argentina para la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, por sus siglas en inglés) para la revista Science & Diplomacy.

  • Educación Científica Regional e Integración de América Latina

La nota original fue publicada en la revista Science & Diplomacy: http://www.sciencediplomacy.org/perspective/2016/regional-scientific-education-and-integration-latin-america

La ciencia puede ser una herramienta útil para mejorar las relaciones internacionales a nivel regional, incluyendo a América Latina. Se han desarrollado experimentos destinados a comprobar si la educación de científicos latinoamericanos bajo un nuevo paradigma puede contribuir al fortalecimiento de la integración regional y global. En este sentido, cabe destacar dos iniciativas: los Institutos Internacionales para la Innovación Interdisciplinaria (I4) y el Centro Latinoamericano de Formación Interdisciplinaria (CELFI), ambas dirigidas a la creación de entornos propicios para que los jóvenes científicos latinoamericanos puedan establecer vínculos personales para lograr una futura cooperación científica a nivel regional. Asimismo, estas iniciativas deben promover el sentido de responsabilidad social que normalmente no se enfatiza en los centros científicos de excelencia en los países desarrollados. 

El papel de la ciencia en la Integración de América Latina

A diferencia con otras formas de cultura, la tecnología ha sido capaz de atravesar las fronteras étnicas. Evidentemente, el dominio de nuevas armas, el control del fuego o la capacidad de cultivar implicó ventajas adaptativas. De hecho, se ha propuesto que la desaparición de nuestros primos, los neandertales, se debió a su incapacidad para incorporar algunas de las mejoras en las herramientas de caza desarrolladas por los humanos modernos que cohabitaban con ellos. Por lo tanto, incluso desde nuestro pasado antiguo, el conocimiento, junto con los bienes comerciales, han sido un material de intercambio entre las naciones.

Por otro lado, los científicos pertenecen a un grupo sociológico peculiar con lazos que se extienden a través de las fronteras nacionales. Un científico argentino podría tener una conversación más amena con un colega chino que con su vecino de al lado. Esto podría explicar la ventaja de la ciencia como una herramienta para la iniciación y consolidación de las relaciones diplomáticas.

A pesar de la historia común, el lenguaje y los antecedentes culturales, América Latina se mantuvo como un grupo de naciones con escasa vocación para la integración y conflictos que se extendieron hasta causar guerras en el pasado reciente. En el período de las guerras de independencia contra España, la idea de un subcontinente integrado era propulsada por los líderes pertenecientes a sociedades secretas. 1

Por lo tanto, los padres de la independencia de América Latina, tales como Simón Bolívar y José de San Martín, llevaron a cabo un ideal común de integración regional que habría dado lugar a una confederación similar a la de los Estados Unidos. Sin embargo, los intereses de los líderes locales prevalecieron y el subcontinente terminó divididos en varios países. Si bien estos países comparten una lengua y la cultura, no lograban desarrollar las relaciones políticas y económicas consistentes.2

Aunque se han realizado esfuerzos en términos de alcanzar un cierto grado de integración regional, tal como el Mercosur (un bloque sub-regional que incluye a Argentina, Brasil, Paraguay, Uruguay y Venezuela, como miembros de pleno derecho, así como Bolivia, Chile, Colombia, Ecuador, Perú y Surinam como miembros asociados), estos esfuerzos son aún insuficientes en comparación con el potencial de desarrollo de un espacio común.

Los intentos de lograr una mayor integración regional han tenido más éxito en el área científica. Entidades como el Programa Iberoamericano de Ciencia, Tecnología y Desarrollo (CYTED) y el Instituto Interamericano para la Investigación del Cambio Global (IAI) fueron eficaces para consolidar las redes de científicos latinoamericanos que obtuvieron datos relevantes para el abordaje de problemas locales y globales.3

En este contexto, los científicos latinoamericanos podrían desempeñar un papel similar al de los líderes intelectuales durante el período de la independencia. Los científicos, como se ha comentado anteriormente, se pueden comunicar fácilmente entre sí y compartir una visión del mundo, independientemente de las diferencias en sus orígenes. También son más conscientes de los problemas globales y la necesidad de la cooperación internacional para resolverlo eficazmente.

Por lo tanto, la ciencia puede constituir la base para la futura integración política de la región. Sin embargo, los cambios profundos deben ser introducidos en la educación de las nuevas generaciones de científicos si queremos que cumplan con esta expectativa.

Hasta ahora, la norma en los países de América Latina ha sido la de enviar a los estudiantes graduados o postdoctorados a los centros de excelencia, por lo general en Europa o Estados Unidos. Esto ha sido muy satisfactorio en términos de acceso a la vanguardia de la ciencia en las diferentes áreas de investigación. Esta estrategia también ha permitido una actualización continua de las tecnologías utilizadas en sus países de origen, siempre y cuando se implementan las condiciones especiales requeridas para la repatriación. De lo contrario, esta política conduce a una fuga de cerebros.

En Argentina, gracias a un programa único llamado "RAICES" que proporciona contratos especiales y subsidios  a aquellos profesionales que estén dispuestos a regresar, hemos logrado con éxito la repatriación de más de 1.300 científicos argentinos. Este programa también mantiene una red de cinco mil profesionales argentinos que trabajan en el extranjero; dichos investigadores reciben información semanal sobre eventos y programas que se desarrollan en nuestro país. Además, hemos establecido una iniciativa especial para proporcionar becas conjuntas que los vinculan con la comunidad científica local.

A pesar de los beneficios anteriormente mencionados, la educación de la mano de obra científica en los países desarrollados tiene dos trampas.

En primer lugar, los científicos de los países desarrollados tienen como única responsabilidad la producción de conocimiento. La conversión de este conocimiento en riqueza se lleva a cabo mediante un sistema productivo que depende de la innovación para mantener la competitividad. En esos países, por ejemplo en los Estados Unidos e Israel, los gobiernos y/o el sector privado también tiene capacidad  de hacer un uso efectivo de las tecnologías derivadas.

En América Latina necesitamos un tipo diferente de científico. Al igual que el dios romano Jano, necesitan tener dos caras. Una cara mirará hacia el exterior para alcanzar las fronteras de la ciencia competitiva y la otra se centrará en el interior, en busca de los medios necesarios para mejorar la calidad de vida de sus compatriotas. Esta última explicación no se suele aprender en los centros de excelencia del hemisferio norte y está intrínsecamente vinculada a la responsabilidad social de los científicos.

En Argentina, la gran mayoría de los científicos se gradúa en las universidades públicas que son gratuitas y financiadas por el estado. Por lo tanto, a pesar de que no tienen deudas económicas, sí deben tener una deuda ética para con su comunidad.

Sin embargo, cuando los estudiantes se especializan en el extranjero adquieren vínculos profesionales y personales con científicos de diferentes países y una menor vinculación con su comunidad de origen. Si se considera el número de investigadores por cada país, es más probable que un científico latinoamericano conozca a un ciudadano chino o noruego que alguien de su propia región. Esto, a su vez, aumentará la probabilidad  de  que las posibles colaboraciones futuras no incluyan a otros científicos latinoamericanos. Por supuesto, esto también implica que el objeto de tales colaboraciones estará sobre todo relacionado con los temas principales de un campo determinado en lugar de las problemáticas relevantes para el país de origen.

Con el fin de abordar esta cuestión, nuestro Ministerio de Ciencia creó dos instituciones para fomentar la educación local de científicos latinoamericanos en estrecho contacto con científicos reconocidos a nivel mundial de la región y del hemisferio norte: el Instituto Internacional para la Innovación Interdisciplinaria (I4) y el Centro Latinoamericano de Formación interdisciplinaria (CELFI)

Institutos Internacional para la Innovación Interdisciplinaria (I4)

El I4 fue creado para facilitar  un ambiente de interacción para los científicos de diferentes países que están trabajando en diferentes disciplinas. Se encuentra ubicado en el "Polo Científico"4 que también incluye a la Agencia Nacional para la Promoción de la Ciencia (el principal organismo de financiación para la ciencia y la innovación), el Consejo Nacional de Investigación Científica y Técnica (CONICET), y el Centro Cultural para la Ciencia (C3), dedicado a la divulgación de las ciencias.

Para pertenecer al I4, un instituto debe tener un socio internacional. El I4 se compone de los siguientes institutos:

  • el Instituto de Investigación Biomédica de Buenos Aires (IBioBA, el único instituto socio de la Sociedad Max Planck en América Latina);
  • el Centro de Bionanociencias (asociado con el Centro Iberoamericano de Nanotecnología);
  • un laboratorio del Centro Internacional de Ingeniería Genética y Biotecnología (CIGB) de Trieste, Italia;
  • el Centro Internacional de Diseño del  conocimiento "Tomás Maldonado"  (formado por nuestro Ministerio y un consorcio de cinco universidades italianas)5;
  • un Centro de Supercomputación e Ingeniería (CSC, asociado con el Centro Nacional de Investigación Científica [CNRS] de Francia) y
  • el Centro Interdisciplinario de Ciencia, Tecnología e Innovación (CIECTI), que es una contraparte del Centro de Gestión y Estudios Estratégicos de Brasil.

La interacción entre los científicos y los estudiantes en el I4 está promovida por seminarios y reuniones conjuntas. Estos eventos suelen contar con la participación de los becarios de América Latina. Este entorno ha demostrado ser muy eficaz en la promoción de la interacción interdisciplinaria y la cooperación  internacional. Además, los proyectos conjuntos se han desarrollado entre los centros que se ocupan de los problemas del sector productivo y/o temas de relevancia social. Algunos de los proyectos se refieren a nuevas interfaces de pacientes, nuevos enfoques para el tratamiento del cáncer y diseño gráfico aplicado a los modelos biológicos. Todos estos proyectos se iniciaron con una interacción casual entre los miembros de los diferentes institutos y los investigadores obtuvieron financiación por parte de programas de cooperación internacional. En promedio, el número de científicos no argentinos en el I4 es todavía bajo (alrededor del 5 por ciento), pero está creciendo y es mucho mayor que la proporción en las instituciones de investigación típicas de Argentina.

La existencia de estas iniciativas conjuntas también ha fortalecido la presencia nacional de los países involucrados, en particular en el caso de Alemania e Italia. Además de las visitas de jefes de estado y autoridades superiores a instituciones de investigación, el sector privado ha aumentado su participación en las actividades binacionales. La Cámara de Comercio Argentino-Alemana ha auspiciado un programa conjunto de  educación entre universidades alemanas y argentinas y la exposición "Túnel de la Ciencia" de la Sociedad Max Planck exhibida  en Tecnópolis, una feria científica anual en Buenos Aires. En el caso de Italia, nuestro Ministerio ha firmado recientemente un Memorándum de Entendimiento con Confindustria (Confederación de industriales italianos) destinado a promover las inversiones en el sector agroalimentario en la Argentina.

Centro Latinoamericano de Formación Interdisciplinaria (CELFI)

La idea  que sustenta  la creación de este centro es proporcionar un entorno en el que los jóvenes científicos de América Latina puedan abordar problemas cuya complejidad no pueda ser abordada sólo por una sola disciplina. Este espacio común también debe proporcionar oportunidades para que los estudiantes y científicos compartan experiencias y desarrollen vínculos personales que podrían ser la base de futuras colaboraciones.

Esta iniciativa consiste en un programa de becas y la construcción de un nuevo edificio especial en el campus universitario de la Facultad  de Ciencias de Buenos Aires. Ambos componentes son financiados por un préstamo otorgado por el CAF (Banco de Desarrollo de América Latina).

Este centro es, de hecho, la primera de una serie de instituciones similares, cada uno con un enfoque particular. La primera de ellas, CELFI-Data, se centra en la teoría de la información en sus diferentes aplicaciones: informática, grandes datos, bioinformática, biología molecular y neurociencias. Hasta el momento, CELFI-Data ha organizado trece cursos a los que asistieron más de 260 estudiantes y científicos de diecinueve países de América Latina. La segunda institución se centrará en la sustentabilidad y estará ubicada en la Universidad Nacional de Córdoba.

Una propuesta más amplia presentada ante la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI) tiene como objetivo reproducir esta experiencia con el fin de crear una red iberoamericana de centros de investigación y formación interdisciplinarios que permitan un intercambio de estudiantes y científicos a nivel regional.

Además de su resultado esperado en términos de educar a los científicos de América Latina, promoción de redes científicas futuras, y solución de problemas relevantes en la región, se espera que el CELFI contribuya a aumentar la originalidad en la investigación científica.

En su libro "La estructura de las revoluciones científicas", Thomas Kuhn afirmó que los principales descubrimientos de transformación fueron realizados por  jóvenes científicos o científicos que eran nuevos en la disciplina. Por lo tanto, parece probable que esta combinación de científicos establecidos, trabajando en campos interdisciplinarios, con jóvenes estudiantes de América Latina que aportan nuevas ideas, podría producir algunas contribuciones innovadoras.

Importancia de las políticas nacionales a largo plazo en Ciencia y Tecnología

Por último, también es importante iniciar y mantener políticas de largo plazo que promuevan asociaciones internacionales sólidas que podrían ser la base de la diplomacia científica eficiente.

El Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva de Argentina es único, ya que ha tenido el mismo personal desde su creación en 2007, que no tiene precedentes en América Latina, donde la mayoría del personal ministerial cambia con cada nueva administración. Por otra parte, hemos estado trabajando con la mayoría de los administradores desde mi nombramiento inicial como presidente de la Agencia Nacional para la Promoción de la Ciencia y la Tecnología en el año 2003. Esto significa que hemos sido capaces de trabajar bajo las administraciones de los tres presidentes diferentes, a saber, Néstor Kirchner, Cristina Fernández de Kirchner y Mauricio Macri. La continuidad de las políticas públicas en ciencia contrasta con la situación habitual en la mayoría de países de América Latina donde los ministros de ciencia cambian con cada nueva administración. En este contexto, vale la pena señalar que el presidente del CONCYTEC (Consejo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación) en el Perú, Gisella Orjeda, también ha conservado su posición tras el reciente cambio en el gobierno. Espero que esto sea un indicador  de una nueva tendencia en la región.

La última transición entre dos gobiernos de diferentes partidos políticos fue particularmente inusual. Mi nuevo nombramiento no sólo fue propuesto por el presidente recién elegido, sino que también contó con la aprobación del anterior. Aunque no existe una receta para asegurar la continuidad de este tipo, hay varios factores que aparentemente han contribuido.

  • De 2003 a 2015, el presupuesto del Ministerio  aumentó casi diez veces, lo que lleva a un crecimiento del 39 por ciento en el número de investigadores a tiempo completo y un aumento concomitante en la cantidad de donaciones y metros cuadrados de espacio de laboratorio construido en todo el país. Esto fue principalmente el resultado de la comprensión que tanto Kirchner y Fernández tenían sobre la importancia de la ciencia y la tecnología para promover el desarrollo social y económico.
  • La transferencia de tecnología se promueve a través de la financiación de los consorcios público-privados que en muchos casos dieron lugar a nuevos productos en el mercado.
  • El Plan de Ciencia, Tecnología e Innovación 2013-2020 fue el resultado de un consenso de más de 1.500 especialistas y representantes de diferentes sectores.
  • La promoción activa de la ciencia en todas las provincias se hizo sin distinciones basadas en la afiliación política de los gobernantes.
  •           Desde 2003, hemos recibido financiación de diferentes organismos multilaterales como el Banco Interamericano de Desarrollo, el Banco Mundial y el Banco de Desarrollo de América Latina, entre otros. Hemos sido capaces de recibir un alto nivel de reconocimiento no sólo en términos de eficiencia y productividad, sino también en la capacidad de innovar en cuanto a los instrumentos utilizados para promover tanto la investigación básica en el sector público como la innovación en las empresas privadas.

Todos los factores precedentes condujeron a un fuerte apoyo de la academia y la industria que, sin duda, fue tomado en cuenta por el nuevo gobierno cuando decidió continuar con las políticas científicas actuales y la renovación de mi designación.

La diplomacia científica está llamada a desempeñar un papel fundamental en la gestión de los asuntos exteriores en este siglo. En el caso de Argentina, la cooperación científica ha contribuido a la consolidación de las interacciones de larga data que pueden superar las deficiencias asociadas con los cambios de gobierno. De hecho, es una práctica habitual por nuestros embajadores comenzar con una misión científica después de que llegan a un nuevo destino, ya que es por lo general un área que no presenta conflictos potenciales.

Espero que nuestras experiencias en Argentina puedan brindar reflexiones útiles para consolidar una asociación científica más intensa en América Latina, que a su vez facilitará una integración política superior en la región.

Notas al pie

  1. Alvaro Vargas Llosa, “The Individualist Legacy in Latin America,” The Independent Review (Winter 2004),http://www.independent.org/publications/tir/article.asp?a=17.
  2. Ibid.
  3. Marga Gual Soler, “Intergovernmental Scientific Networks in Latin America. Supporting Broader Regional Relationships and Integration,” Science & Diplomacy 3, no. 4 (December 2014),http://www.sciencediplomacy.org/article/2014/intergovernmental-scientific-networks-in-latin-america.
  4. “Scientific and Technological Hub,” The Ministry of Science, Technology and Productive Innovation of Argentina website, http://en.mincyt.gob.ar/polo.
  5. “Barañao led the official opening of the “Tomás Maldonado” International Knowledge Design Centre,” The Ministry of Science, Technology and Productive Innovation of Argentina, press release, November 19, 2013, http://en.mincyt.gob.ar/news/baranao-led-the-official-opening-of-the-tomas-maldonado-international-knowledge-design-centre-9329
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